lunes, 11 de mayo de 2015

Something

Bien, como mi cerebro se secó el año pasado y dejé de escribir, pensé que sería una buena comenzar con una nueva historia para ir avanzando una o la otra cuando tenga alguna loca idea en mi cabeza. Esta historia tampoco tiene nombre aún, como la anterior, y utilizaré el mismo sistema de enumerar los capítulos a medida que los vaya escribiendo.

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Tenía 25 años cuando todo comenzó, cuando se suponía que mi vida comenzaría, cuando saldría al mundo a enfrentarme con todas las cosas que allí había, a afrontar todos los obstáculos que se me presentaran para crecer aún más. Y estaba muy asustada.
Ese día lo único que estaba en mi mente era que lo había conseguido; al fin había terminado la universidad y aunque me había resultado más difícil de lo que esperaba, lo había logrado por mí misma y me sentía orgullosa por eso.

Salí de mi ensimismamiento cuando repentinamente oí «¡Italy!» en la voz conjunta de mis amigas Bibi y Lucie, el par de locas más adorables que pude haber conocido en la vida y las personas más importantes de mi vida por muchos años, las personas que mejor me conocían y con quien había pasado muchas noches de risas, películas y llantos. Quienes llegaban a la celebración que mi madre había organizado en casa, por mi titulación, tal como hizo con mi hermano. Además estaban mis familiares, mi hermano con su pareja, mis padres, por su puesto; otros amigos y Jules.

Bibi era ese tipo de personas que siempre llegan tarde y de esas que cree siempre tener la razón, aunque no la tenga; muy divertida, demente, eterna fan de los japoneses, su música y su animación. Una increíble y original diseñadora de vestuario. Habíamos sido amigas desde segundo de secundaria, cuando nos conocimos por pura casualidad, como suceden las mejores cosas en la vida. Desde ahí hasta, incluso, terminar los A-Levels, seguimos como mejores amigas. Nos visitábamos cada cierto tiempo, me iba a quedar a su casa para sus cumpleaños y ella a la mía para los míos. Y al entrar a la universidad comenzamos a organizar juntas en su casa, generalmente una al año.
Y Lucie, ella era especial por el simple hecho de ser ella. Había estado en momentos realmente difíciles, aunque no físicamente. Nos llevábamos por tres o cuatro años, pero éramos tan parecidas en tantos aspectos que perfectamente hubiésemos podido pasar por gemelas o algo similar, a pesar de ser distintas en apariencia. Era esa única persona que conoces en la vida que te conoce y comprende mejor que nadie, con quien nunca o casi nunca discutes porque no es necesario; esa persona que entiende cuando estás molesta y que sabe qué hacer y qué decir; de esas que no importa el tiempo que pasen sin verse o sin hablarse, pues ese vínculo que tienen es realmente irrompible.

Lucie no era de quienes llegan tarde, empero esa era la primera vez que visitaba mi casa y habían decidido, con Bibi, juntarse antes las dos para ir juntas a la fiesta. Razón por la que ambas eran las últimas en llegar.

Jules… También a él lo conocí por casualidad un día, en la universidad, cuando la aventura comenzaba. Él y yo llevábamos cinco años juntos y era con quien planeaba comenzar esa nueva aventura, esa nueva vida. No era una persona comparable con el resto, era único. Un ser completamente bueno, respetable; una combinación de niño y adulto. El típico galán de novela, pero real o así era como siempre lo vi, desde el principio.

Él y yo no éramos la pareja perfecta, para mí eso nunca existió. Éramos lo que queríamos ser, lo que nos gustaba, lo mejor que podíamos y siempre fue suficiente. Discutíamos como toda pareja normal, empero no pasábamos todo un día molestos ni nos íbamos a dormir estando así. Y aunque yo era quien comenzaba los debates, era él quien me seguía e insistía hasta lograr la reconciliación.
Así fue hasta que algo cambió, hasta que decidí marcar la diferencia en la relación y madurar.

domingo, 31 de agosto de 2014

Baby, i'm so lonely

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Nunca creí que ser nueva en una escuela fuese tan difícil, pues desde pequeña siempre estuve en un mismo lugar y no me fue necesario hacer nuevas amistades, ni siquiera imaginaba que algún día tendría que ser ‘sociable’ para no pasar mi tiempo en soledad.
                Debo admitir que nunca fui de esas personas que tenía demasiados amigos o que tenía amigos de toda la vida y, aunque muchas veces me pregunté porqué, me conformaba con que fuese así, ya que al final conocía a mucha gente y podía conversar con cada quien cuando me pareciera.
                Ahora, a pesar de mis intentos y de sucesos externos que me han permitido conocer a algunas personas, me sigo sintiendo tan sola como me sentí el primer día de clases, ya hace 4 días. No he logrado sentirme cómoda en compañía de dichas personas, no hemos logrado congeniar ni, mucho menos, establecer algún tipo de lazo.
                Es posible que no logre encajar con los demás porque de alguna forma intento compararlos con los últimos amigos que hice en la otra escuela, porque ellos eran de esos amigos a quienes les puedes contar lo que sea y siempre escuchan, siempre están ahí… Pero no he sentido así con mis nuevos compañeros, por lo que supongo que terminarán siendo sólo compañeros de clase, chicos con quienes debo hacer trabajos y así.
                Aún así, en este último tiempo siento que me es imposible hacer amistades, no porque los demás no quieran, sino porque creo que me es imposible, porque hay mil y un cosas que lo impiden, cosas malas en mí. Puede que sólo sea esa baja autoestima que me quedó desde la separación de mis padres o, no sé, esa especie de ‘caparazón’ con la que intento mantener al resto alejado de mí, de lo que soy y lo que me he convertido.
Sí, leyéndolo pareciera que soy una persona con serios problemas psicológicos, pero en el pasado no era así. Me recuerdo como una niña muy alegre, muy conforme con lo que tenía, que no deseaba más. Pero en este poco tiempo he cambiado mucho, es como si algo en mi interior se hubiese muerto o se hubiese escondido para no salir jamás.
                No sé qué hacer al respecto y sé que me había mentalizado para solamente centrarme en los estudios, mas siento que es imposible tener la mente despejada y tranquila cuando en ella hay tantas cosas dando vueltas, molestando, impidiéndome pensar con calma.
                Quizás sólo necesito encontrar a alguien a quien contarle todas estas cosas que me tienen mal, quizás escribir aquí ayude. Quizás sólo necesito descansar, llorar un poco, llamar a alguna de mis antiguas amigas. Pero no sé, no sé si sea suficiente.

                En fin, debo descansar ahora, mañana será un día largo y aburrido. Pero algunos dicen ‘último día, nadie se enoja’, así que tendré que mostrar una gran sonrisa de ‘aquí no ha pasado nada’ y ver cómo se va dando este último día laboral para mí.

domingo, 24 de agosto de 2014

W-H-A-T-E-V-E-R

Primeramente quiero destacar o dejar en claro que soy bien loca y que, como noté que no lograría nada con escribir en un blog, decidí utilizar este medio para ir publicando poco a poco una historia que hace varios días tengo en mi mente.

Y leyendo lo de arriba me doy cuenta que no sirvo mucho para escribir lo que pienso en el momento en que lo pienso, porque todo se me revuelve y queda una cosa horrible que es esta que se lee.

Whatever, comenzaré a escribir, puntualizando que no sé qué nombre le pondré a la historia o como quiera que se vaya a denominar a futuro.


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Comenzaba un nuevo año de estudios, el último antes de la universidad y lo primero que había deseado era tener buenas calificaciones y conseguir alguna beca.

Los años anteriores había deseado encontrar el amor, algo que pedía cada año. Mas este, que me parecía decisivo, lo olvidé; habían cosas más importantes.

Era un año complicado, sobretodo porque se postulaba al bachillerato a mitad de semestre y, claro, yo era nueva. Sí, mis padres se acababan de separar y a mi madre se le ocurrió la estupenda idea de cambiarnos de casa, de ciudad y, obviamente, de trabajo y escuela en su caso y el mío respectivamente.

Quizás el hecho de que mis padres se separaran de tan mala manera y ver cómo habían dejado de amarse; fue lo que me hizo cambiar de opinión acerca del deseo de año nuevo, del amor y de todo lo referente a él.

Me sentía triste, sí, pero mi hermano y yo sabíamos que este día llegaría y que no había algo que pudiésemos hacer al respecto.

No tenía demasiados amigos en la escuela anterior, por lo que no extrañaría tanto de dicho lugar. Y mi hermano… Bueno, él tenía su vida prácticamente hecha en la universidad y venía para las vacaciones o cada quince días.

En fin, los acontecimientos anteriormente mencionados y otros sucesos que me han sucedido y me sucederán sin duda, son los que me han llevado a escribir esta especie de ‘diario-blog’.

Ahora bien, acabo de notar que aún no me presento y no quiero ser descortés, por lo cual diré algunas cosas sueltas y vagas sobre mí para, posteriormente, ir agregando cosas mientras se me ocurran.

Mi nombre es Aimée Dubois, tengo 17 años y aún no sé qué hacer con mi vida a futuro cuando se trata de estudios superiores. Vivo con mi madre en una villa muy elegante y no he aprendido su nombre aún. Como conté ya, mis padres se separaron hace poco. Mi hermano está terminando sus estudios en París. Y mis únicos y grandes amigos, a quienes les cuento todo, viven en mi antigua ciudad.